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Equivocaciones.

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El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, te equivocas dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.
No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar... Se equivoca el agua que por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna.
No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta... Se equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida.
No se equivoca el hombre que ensaya por distintos caminos para alcanzar sus metas... Se equivoca aquel que por temor a equivocarse no acciona.
No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al suelo... Se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar permaneciendo en el nido.
Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan que ser hombre es buscarse a sí mismo cada día... sin encontrarse nunca plenamente.
Creo que al final del camino no te premiarán por lo que encuentres sino por aquello que hayas…

Ratas de alcantarilla.

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Mestizo.

Soy mestizo
mi madre copulo con un rayo
de ahí soy trueno
todo un misterio .
Mi madre tomo el universo.
Apenas soy un atrapa luz
de tu atrapa sueños
Mestizo furioso, dominante,
aunque mi piel diga lo contrario.
Yo fui aquel que quise ser
y después no quise vivir
como lo soñé.
Soy humano, me reinvente,
30 años después soy mestizo.
Soy hijo de la luz y el viento
Acuño recuerdos en los días de rocío,
mi madre me perfumo con sus caricias
soy mestizo aunque mi piel diga lo contrario.
Autor:Carlos Casagemas

Palabras sobre la sabiduría

Un anochecer, estaba El Ermitaño, el Dulce Amado, componiendo una canción. Estaba el Más Amado sentado en un barril, donde, en más de una ocasión, se lo vio dormir. Las estrellas habían ya estallado en el cielo y hacía varios minutos que la luna estaba encendida. Era una noche hermosa. 
Recién comenzaba, pero demás podía notarse que era una noche hermosa. Las gentes del pueblo presentían que esa noche El Ermitaño, el Sabio Amado, habría de hablarles algo. Varios días hacía desde el acontecimiento de la ribera del río y de los niños, y El Ermitaño, el Muy Amado Maestro, no había vuelto a hablar o, como él decía, no había vuelto a cantar las canciones que aprendió mientras vivía en lo más espeso de los bosques que están más allá de los grandes ríos y de toda obra humana, mientras vivió en su ermita.
Por eso, es que esa noche, todos esperaban oír la voz del Ermitaño.
Al verlos, el Bien Amado dijo así:
—Hoy os quiero cantar una muy preciada canción.
Entonces, un hombre joven dijo: —Maest…

A colar.

Se oye un grito, un gemido, un himno en construcción con estrofas de grava y de cemento, con versos de arena, cuartetos de varilla corrugada, bajo el ritmo sonoro de las palas, una tras otra... las hila el poeta que mide su gran obra con flexómetro Y la termina con una metáfora de yeso.
El andamio es un amigo, la plomada su guía, con cuchara y un block ha hecho una oda, con martillo algo más que una sonata.
He olvidado referirme al poeta, que construye su obra silencioso, ese poeta no tiene sindicato, ni bufete, ni universidad que lo defienda, (más que la vida, si es que se le puede llamar Universidad.).
Lo anterior no tiene, pero tiene algo peor, casi monstruoso, algo que ha diario lo aplasta, lo aniquila, lé extrae sus recursos; y lo están acabando... ¿Quién? Es mi pregunta; los patrones... es mi triste y sepulcra respuesta.
(Anónimo)

Baile de estrellas.

La mañana la sorprendió con la espalda apoyada en la cabecera de su cama, abrazando con fuerza sus piernas flexionadas. Se había pasado la noche paralizada por el miedo, bocarriba, tapada hasta las cejas; como si el estar cubierta con las mantas impidiese que la sombra que hacía bombear su terror se la llevase, le hiciese daño.
Había pasado la noche inmóvil en esa posición. Tenía sumo cuidado al respirar, evitando movimientos bruscos y ruidos excesivos. Tan sólo era incontrolado el movimiento de sus ojos, vigilantes en todo momento, cuando oía algún sonido.
La luz de la mañana parecía haberla tranquilizado. Pero en su mente seguía grabada la noche, la oscuridad, el miedo inseparable que la acompañaba, y el día avanzaba irremediablemente hacía otro período sin luz.
Lo más sencillo era pensar que se estaba volviendo loca, al menos si se convencía de ello supondría que lo ocurrido era producto de su imaginación, y lo creado por la mente no podría hacerle daño. Sin embargo era difícil creer q…

Pepe Cortés.

La noche, en esta ocasión, estaba enfada con las estrellas y la luna. Les había prohibido que se dejaran ver. Además, se había confabulado con la niebla para dibujar los paisajes con un halo misterioso y perturbador.

En una mísera vivienda, al borde de un camino vecinal, apenas sabían de la noche. La oscuridad la llevaban dentro de su vida, imposible de disipar con la pobre lámpara de gasolina, fabricada con una lata de refrescos y un trozo de tela de algodón. Sombras estáticas, ratones buscando lo inexistente, la muerte acechando, una madre con un niño en brazo y un padre con la mirada perdida en la penumbra, era el escenario perfecto para otro tomo de “Los Miserables”.
Nadie había ayudado para comprar la medicina que necesitaban para salvar al infante. Unos, porque tenían los bolsillos llenos de pobreza y hambre y otros porque sus arcas estaban llenas de desprecio hacia el desposeído, odio a los pobres, egoísmo, crueldad, indiferencia.
Poco a poco, el demacrado rostro del padre fue cobr…